Se busca a los desaparecidos del «chalé de los horrores» de Majadahonda

Además de la mujer argentina, se desconoce el paradero de tres huéspedes extranjeros y de la tía del detenido

La vivienda donde se produjeron los hechos (foto ABC)

La vivienda donde se produjeron los hechos
(foto ABC)

El registro del domicilio del presunto asesino de Majadahonda dio como resultado el inquietante hallazgo de tres contratos de alquiler firmados por otros tantos inquilinos de los que no se tienen noticias. Los arrendatarios compartían el mismo perfil que la argentina: inmigrantes, la mayoría mujeres, solos en nuestro país. La única diferencia es el arraigo familiar de Adriana, que se comunicaba permanente con su familia, hecho que propició que su hermano, alarmado ante la falta de respuesta a sus llamadas telefónicas, cogiera un vuelo para averiguar qué sucedía. El 6 de abril acabó en el puesto del Instituto Armando denunciando su desaparición.

La quinta persona de la que tampoco se tiene noticias desde 2011 es una tía del presunto casero homicida. Se trata de la dueña de la vivienda, que le cedió su uso y que fue ingresada en una residencia de ancianos, sin que se sepa a ciencia cierta si este extremo, explicado al parecer por el arrestado, es cierto o no.

Por tanto, el arrendador podría estar detrás de cinco desapariciones. De confirmarse, estaríamos ante un asesino en serie. Con todo, fuentes de la investigación recalcan que están investigando única y exclusivamente todo lo relacionado con el paradero de la mujer argentina. Del resto de inquilinos aseguran que no se les está buscando ni se está realizando ninguna pesquisa al respecto.

A Adriana, que trabajaba en un Burger King de Majadahonda, se le perdió la pista tras regresar de Argentina. Fue la última vez que habló con su familia. Poco después, los vecinos vieron al casero sacar varias bolsas de basura y repartirlas por distintos contenedores de la urbanización, cuidando, muy mucho, que no se abrieran para que no se viera su contenido, un extremo que alertó a los residentes hasta el punto de llamar a la Policía.